El poder curativo del contacto y la caricia en Biodanza
El Poder del Contacto y la Caricia en Biodanza se basa en el tacto afectivo como vía directa de regulación nerviosa, emocional y vincular, destacando la importancia de las fibras C táctiles que transmiten caricias lentas y agradables al cerebro emocional.
Explorando el poder de la caricia
En los textos de Biodanza, el contacto y la caricia son más que gestos; se consideran un lenguaje biológico de afecto que organiza la identidad y fortalece el vínculo con otros, más allá de las palabras. Al tocar y ser tocado con respeto, ternura y presencia, se fomenta una experiencia de pertenencia, seguridad y reconocimiento profundo.
La perspectiva de la neurociencia sobre el contacto
- El tacto cálido y rítmico activa las fibras C táctiles, enviando señales lentas al sistema límbico, lo cual favorece estados de calma, placer y conexión.
- Este tipo de caricia aumenta los niveles de oxitocina y serotonina, reduce el cortisol y ayuda a regular el sistema nervioso autónomo, facilitando un estado de descanso y reparación.
La función reparadora de la caricia
En Biodanza, el contacto y la caricia trascienden la mera técnica para convertirse en actos de encuentro humano que reparan carencias afectivas y disuelven vivencias de aislamiento. Se considera un verdadero poder que, manejado con cuidado, límites y consentimiento, puede transformar profundamente las relaciones interpersonales, mejorando la autoimagen corporal, la confianza básica y la capacidad para desarrollar una intimidad sana.
La caricia repara carencias afectivas
En Biodanza el contacto y la caricia no son “técnicas”, sino actos de encuentro humano que reparan carencias afectivas y disolven vivencias de aislamiento.
Se considera un poder porque, bien cuidado con límites y consentimiento, puede transformar la manera de relacionarse: mejora la autoimagen corporal, la confianza básica y la capacidad de intimidad sana.
En Biodanza, este tipo de contacto se propone siempre desde una ética muy cuidada, donde el respeto a los límites personales y el consentimiento explícito son esenciales para que la experiencia resulte verdaderamente nutritiva. Cuando el cuerpo siente que sus “no” son escuchados y sus “sí” son acogidos, el sistema nervioso baja la guardia y puede pasar de un estado de alerta crónica a una disposición más abierta, confiada y disponible para el encuentro. En ese clima de seguridad, una caricia suave en el brazo, un abrazo sostenido o simplemente sentir el peso de otra mano sobre la espalda se convierten en mensajes claros de “estás bien así”, favoreciendo procesos de reparación emocional que muchas veces no pudieron darse en etapas tempranas de la vida.
A acariciar también se aprende
A nivel cotidiano, los efectos de integrar más contacto consciente suelen traducirse en pequeños grandes cambios: mejora el descanso nocturno, se suaviza la reactividad ante el estrés y aumenta la capacidad de pedir apoyo cuando algo duele o desborda. En el espacio protegido de una sesión de Biodanza, la persona puede explorar nuevas formas de vincularse –dar y recibir ternura, sostener y dejarse sostener– y, con el tiempo, llevar esa nueva forma de estar en el cuerpo a sus relaciones fuera de la sala, creando lazos más amorosos, presentes y recíprocamente cuidados.
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y en C. Venus 22, Arroyo de la Miel, Benalmádena
